El pasado martes 24 de junio, el salón de actos del CPIFP Los Viveros fue escenario de la tan deseada ceremonia de graduación.
A pesar de los cambios de última hora, el centro supo adaptarse para ofrecer a su alumnado una jornada de graduación memorable, llena de emoción, agradecimientos y promesas de futuro.
Desde las 16:30 hasta pasadas las 21:30, el salón de actos del centro se fue llenando y vaciando con un ritmo constante. Familiares, amigos, docentes y, por supuesto, los grandes protagonistas del día: los alumnos y alumnas de los distintos ciclos formativos de grado medio y superior, agrupados por familias profesionales, asistieron con sus mejores galas y una mezcla visible de nervios, alegría y nostalgia.
El director del centro, D. Rafael Melero, pronunció un discurso para cada grupo. Con palabras sinceras y cercanas, destacó el esfuerzo, la evolución y el compromiso de los estudiantes durante su paso por Los Viveros. Fue un momento de conexión entre dirección, profesorado y alumnado que se repitió en cada turno, logrando que cada grupo sintiera que su esfuerzo había sido reconocido de forma única.
Uno de los momentos más simbólicos y emotivos del acto fue la imposición de la beca de graduación. En un gesto lleno de significado, fueron los propios profesores y profesoras que habían acompañado de cerca a los estudiantes quienes colocaron las becas sobre los hombros de sus alumnos. Miradas cómplices, abrazos espontáneos y algún que otro aplauso improvisado llenaron el auditorio de una energía difícil de describir, pero fácil de sentir.
Otro momento de gran valor fue la entrega de las Matrículas de Honor al alumnado que con su esfuerzo y excelencia destacó en toda la trayectoria académica de su ciclo formativo. El alumnado mencionado mostro su alegría e ilusión por tal distinción que premiaba su rendimiento.
Tras los actos oficiales, llegó el momento de la celebración libre. En distintos puntos de Sevilla, los recién graduados organizaron cenas, fiestas privadas y encuentros con sus compañeros. Se vivieron momentos de alegría de una generación que, tras años de esfuerzo académico, incluidos los duros retos de la formación en prácticas, por fin veía coronado su trabajo.
El equipo docente y el personal del CPIFP Los Viveros no ocultaba su orgullo. A lo largo del día, muchos coincidieron en destacar la madurez, el compañerismo y la calidad humana del alumnado. Todos coincidían en que el alumnado se llevaba mucho más que conocimientos técnicos. Han aprendido a trabajar en equipo, a resolver problemas y a levantarse cuando las cosas no salían como esperaban.
Así, el martes 24 de junio quedará grabado en la memoria de la comunidad educativa de Los Viveros como una jornada de emociones compartidas, de cierre de etapa y apertura de caminos. Porque, aunque las aulas se vacíen, lo aprendido, vivido y sentido seguirá presente en cada uno de los graduados y graduadas que, desde ya, forman parte de la historia del centro.





